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Aun respiro...
Aun puedo sentir el frió de mi habitación
Aun puedo oír los pájaros cantar.
Otro día me esperaba para seguir con mi vida. Al abrir los ojos, desenfocando la imagen, pude ver la pared, color grisáceo, veo los grumos que aparecen.
Maldita sea.
Ni siquiera puedo pintar bien.
Levanto de la cama y me rasco el cabello. Me doy cuenta que hace 2 días no me lavo el cabello. Piso la alfombra blanca y veo mis pies, puedo observar que aun no se me quita los pequeños hematomas.
Me acuerdo que las hice cuando estaba en el jardín y no me puse sandalias, cortaba las flores, sin importar si me cayera una espina. Aunque pise muchas piedras y también que me cai varias veces cuando intentaba cortar una flor atrás sin pisar a las demás.
La mañana se ha convertido en rutina al igual que mi vida.
Salía del pequeño edificio para ir al trabajo. No me quejaba, me la pasaba la mayor parte del tiempo leyendo revistas. Trabajo en una tienda de artes. Es una tienda cálida y con buenos clientes, especialmente niños que venían por las pinturas. Me llenaba de ilusión ver sus rostros de alegría cuando decían a sus madres "Por favor quiero ser como Picasso"
Al terminar la mitad de la jornada me iba a esas pequeñas cafeterías donde me la pasaba uno donde vendían hamburguesas y papas fritas. Siempre compraba doble ya que no soy buen cocinero.
En ese instante veo la televisión mientras tomo el batido de frambuesa.
"Quieres ser un escritor, es tu sueño? Estamos en la capital de Londres, en la biblioteca Central donde habrá una convocatoria y el mejor relato gana. Venga y sea lo que siempre soñó."
No se puede soñar ser un cadáver.
Al salir de la cafetería me fui otra vez a la tienda, veía el suelo, vea las perfectas líneas de la cera y las hojas secas adornándolo.
El frió cubre mi rostro cuando salgo de la tienda.
"Martin, ¿Quieres ir al pub con nosotros?" Dice Ana saliendo con Carl, Nancy y James de la tienda. Me observa con sus ojos verdosos y su sonrisa resplandeciente.
En ese instante me entra un pánico "Tengo que ir a mi casa, me están esperando. Ya entiendes"
"Cierto, bueno nos vemos mañana" Dejo de sonreír y giro hacia los chicos.
Lo siento Ana.
Regrese al edificio y pude ver los vecinos celebrando en la entrada. Me hago un lado. Intento no rozar a ninguno. Intento ignorarlos ya que se que su celebración es de su hijo que obtuvo el mejor punto de la universidad por tercera vez este año.
El chico se llama Arthur, tiene 23 años y sus padres lo presumen como si fuera un premio. Cuando en realidad el chico es todo lo contrario.
¿Cómo lo sé?
Fácil.
Cuando sus padres salían del edificio. El hacia fiesta y traía prostitutas a su departamento. Donde yo tenía que ponerme los audífonos y escuchar música alta para no escuchar los gritos.
Me nacía envidia pero hice el pacto de no volverme involucrar con una persona. Intento de no apegarme a una persona cercana ni tener comunicación, ni salidas con ellas. Es para no afectar a los demás, se me hace más fácil de llevar decisiones.
Porque sabrán que no es necesario tener compañía cuando ya no estés en este mundo.
Martin Moore
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